El Santuario de María Desatadora de Nudos, en Cancún, bajo custodia de la Legión de Cristo, ha quedado espiritualmente vinculado a la Basílica Papal de Santa María la Mayor, en Roma, por invitación del cardenal Rolandas Makrickas, archipreste de la Basílica. El hermanamiento concede al Santuario la gracia de otorgar algunas de las indulgencias propias de la Basílica y estrecha, de manera concreta, su vínculo con Roma y con la Iglesia universal.
La entrega del decreto en Roma
El 14 de septiembre, tras la Santa Misa celebrada en la Basílica, el cardenal Makrickas entregó en la sacristía el decreto de la Penitenciaría Apostólica y el pergamino del hermanamiento, destacando el cariño que el papa Francisco profesaba a esta advocación mariana y a la Salus Populi Romani. El P. Luis Pablo Garza, L.C., rector del Santuario, recordó que ambas advocaciones comparten un mismo origen: la confianza del pueblo cristiano en la intercesión de María.
La vinculación, aprobada en agosto mediante decreto conjunto, permitirá obtener de forma perpetua la indulgencia plenaria en el Santuario de Cancún. Para el P. Garza, el gesto confirma la fecundidad pastoral de este lugar dentro de la Diócesis de Cancún-Chetumal y es, ante todo, una invitación a la reconciliación y a una confianza filial renovada en María. Como signo visible de esta comunión, al Santuario le fue entregado un ladrillo de la Puerta Santa de Santa María la Mayor.

Entrega del decreto de la Penitenciaría Apostólica y del pergamino del hermanamiento de manos del propio cardenal Rolando Makrickas, archipreste de la Basílica de Santa María La Mayor, quien destacó el gran cariño y la devoción que el Papa Francisco profesaba a esta advocación mariana y a la Salus Populi Romani, la venerada imagen que se custodia en la Basílica.
Esta vinculación había sido aprobada en agosto, a través de un decreto conjunto de la Penitenciaría Apostólica y de la propia Basílica Papal, y permitirá desde ahora obtener de forma perpetua la indulgencia plenaria en el Santuario de Cancún, conforme a las condiciones que establece la Iglesia para este tipo de gracias. Para el P. Garza, el gesto tiene un significado que va más allá de lo jurídico: refleja cómo una devoción todavía joven en México ha ido calando en el corazón del pueblo creyente, y confirma la fecundidad pastoral que este lugar ha tenido dentro de la Diócesis de Cancún-Chetumal. Más que un privilegio, lo entiende como una invitación: que quienes lleguen al Santuario encuentren ahí un espacio propicio para la reconciliación, los sacramentos y una confianza filial renovada en la intercesión de María.
Un vínculo que expresa la comunión con la Iglesia
Este hecho expresa el sentido eclesial que anima la acción apostólica de la Congregación. Las Constituciones recuerdan que el legionario sigue a Cristo mediante «la profesión y vivencia de los consejos evangélicos, la vida fraterna en común y una ardiente acción apostólica» (CLC, 2), una acción vivida siempre en el seno de la Iglesia y a su servicio.

De izquierda a derecha: Don Alfonso Larena y Perla Ballesteros, bienhechores del Santuario y miembros del Consejo del Santuario; P. Ferney Cartagena, L.C., administrador de la Delegación de Roma de la Legión de Cristo; Cardenal Rolando Makrickas, archipreste de la Basílica de Santa María La Mayor; P. Luis Pablo Garza, L.C., rector del Santuario, y el P. José Cárdenas, L.C., administrador general de la Legión de Cristo.


Como un gesto visible de la comunión con la Basílica, al Santuario le fue entregado un ladrillo de la Puerta Santa de Santa Maria la Mayor.

El P. Garza junto con el P. Carlos Gutiérrez, L.C., director general de la Legión. En sus manos, un retablo con la imagen de la Virgen de los Dolores.
Un santuario nacido de la convergencia de muchas voluntades
El proyecto nació en 2015, cuando confluyeron la necesidad de una iglesia en el Polígono Sur de Cancún, el llamado de Mons. Pedro Pablo Elizondo, L.C., la devoción del P. Garza a esta advocación —conocida en un santuario de São Paulo— y la donación de un terreno por parte de una familia. Su llegada a Cancún fue casi casual: tras bendecir una casa en una zona sin templo, el obispo le pidió construir ahí la iglesia. Así, el 22 de marzo de 2016 comenzó un proyecto entonces casi desconocido en la diócesis y hoy convertido en una de las devociones marianas más queridas de Quintana Roo.
Construido en un terreno de selva virgen, el templo tiene estilo caribeño y diseño ecológico: madera, techos de palma y senderos entre la vegetación que invitan al recogimiento. El 31 de mayo de 2024 se consagró como Santuario-Parroquia bajo custodia de la Legión de Cristo, con el P. Garza como rector y párroco, y el P. Juan Pablo Ledesma, L.C., como vicario.
Hoy es un oasis espiritual que recibe semanalmente a miles de peregrinos —cerca de 25.000 de forma habitual—. Sus listones blancos, con peticiones, y de colores, con agradecimientos, se han multiplicado tanto que fue necesario construir la Plaza de los Agradecimientos para exhibirlos.
Más información sobre el Santuario aquí.






Fotografías del Santuario tomadas de https://desatadoradenudos.org/












