El papa León XIV vivió su primer encuentro con los participantes del 47.º Meeting por la Amistad entre los Pueblos, en Rímini, un evento en el que se convirtió en el segundo pontífice en participar personalmente tras Juan Pablo II.
Al retomar el lema de este año —”El amor que mueve el sol y las demás estrellas”, tomado del último verso de la Divina Comedia de Dante—, el Papa recordó que ante las guerras, las desigualdades, la polarización y las profundas transformaciones culturales y tecnológicas que atraviesa la humanidad, el amor de Dios sigue siendo la fuerza capaz de sostener, atraer y transformar la vida humana. “Antes que las fronteras, las definiciones y las instituciones, siempre están las personas”, afirmó.
El realismo de la misericordia frente al falso realismo
León XIV pidió que la cultura católica oponga al “falso realismo” —el que rearma mentes, palabras y naciones— un “realismo de la misericordia”, según el cual no pueden existir enemigos, sino solo hermanos a quienes mirar a los ojos y encontrar en la verdad. Insistió en que el amor redentor de Cristo exige purificar de raíz aquello que la cultura del poder ha contaminado: pensamientos, intereses, relaciones, proyectos e inversiones.
Una conversión que empieza por uno mismo
El Pontífice invitó a los participantes a poner sus capacidades al servicio de una conversión personal y social genuina, dejando atrás la búsqueda de gloria o prestigio propio para buscar, en cambio, la humildad que se manifiesta en Belén y en la cruz. Esa conversión, dijo, debe alcanzar todos los ámbitos: liberar la convivencia de la desconfianza, la educación de las ideologías, el trabajo de la idolatría del lucro, y poner límites al desarrollo tecnológico cuando se vuelve invasivo o destructivo.
Jóvenes: el futuro como promesa, no como amenaza
El Papa dedicó una parte central de su mensaje a los jóvenes presentes, muchos de ellos voluntarios del Meeting, a quienes animó a ver el futuro no como una amenaza sino como una promesa. Los invitó a vivir una catolicidad abierta, que no se cierre en el propio grupo o movimiento, sino que salga al encuentro de toda la humanidad, en especial de los más pobres.
Construir la civilización del amor
León XIV subrayó que ese amor —que es el propio nombre de Dios— no puede imponerse por coacción, adoctrinamiento o reclutamiento: solo existe en libertad y en la entrega generosa de uno mismo. Animó a los jóvenes a no avergonzarse de su fe ni de su pertenencia a la Iglesia, recordando que incluso en sociedades muy secularizadas sigue habiendo una nueva generación dispuesta a descubrir a Cristo libremente.
Sinodalidad como forma de escucharse
Finalmente, el Papa llamó a los cristianos a dar un testimonio de vida creíble pese a sus propias limitaciones, y a vivir la sinodalidad como una capacidad real de escucharse mutuamente: escuchar a Dios, a los miembros de la Iglesia y también a quienes buscan la verdad fuera de ella. Pidió a Comunión y Liberación y a las demás realidades eclesiales caminar juntas, entendiendo la autoridad como servicio y la unidad como una construcción compartida con la Iglesia y el sucesor de Pedro.
Puedes leer el discurso completo en la nota original de Vatican News:
🔗 El amor que mueve el mundo, llama a la conversión, la paz y la civilización del amor
Fotografía: @VaticanMedia












