- El Papa manifestó su alegría por recibir a los padres en la fase final del Capítulo.
- Este encuentro con el Santo Padre alienta a la Congregación a continuar el camino de renovación y servicio a la Iglesia emprendido.
- Asistió el P. Carlos Gutiérrez, L.C., nuevo director general, junto con su consejo y los padres capitulares.
Ciudad del Vaticano. 19 de febrero de 2026. – El Papa León XIV recibió esta mañana al Capítulo General de los Legionarios de Cristo en audiencia privada en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico. En ella participaron también el cardenal Fernando Vérgez, L.C., presidente emérito del Governatorato del Estado de la Ciudad del Vaticano, y Monseñor Brian Farrell, L.C., secretario emérito del Dicasterio para la Unidad de los Cristianos.
Allí, el padre Carlos Gutiérrez, L.C., nuevo director general de la Congregación, reiteró el amor y la adhesión de la Legión de Cristo al Santo Padre. Además, le obsequió una imagen de la Virgen de los Dolores, patrona de la congregación.

Crédito: @VaticanMedia
Inicialmente, el Papa se refirió a la alegría de este encuentro en la fase final del Capítulo General. “Como en la vida de todo instituto religioso, este es un tiempo de gracia, ya que constituye un momento privilegiado de discernimiento comunitario y de escucha al Espíritu Santo, que sigue guiando su historia y sosteniendo la misión confiada a su congregación, en fidelidad al carisma recibido como un don de Dios para toda la Iglesia.”

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Indicó que “es, además, la ocasión para que ustedes se reconozcan herederos de un carisma que, a través de diversos caminos y expresiones históricas —a veces dolorosas y no exentas de crisis— ha dado origen a la congregación de los Legionarios de Cristo, unida por una misma raíz espiritual y por una pasión apostólica común. Esta memoria compartida no mira sólo al pasado, sino que impulsa a una renovación constante en el presente, fieles al Evangelio.”
León XIV también tuvo una especial mención sobre el carisma afirmando que “es un don del Espíritu Santo. Cada instituto y cada uno de sus miembros están llamados a encarnarlo personalmente y en comunidad, en un continuo proceso de profundización de la propia identidad que los sitúa y los define dentro de la Iglesia y de la sociedad.”
Señaló que “este camino constituye, a su vez, una aportación valiosa para la Iglesia en su conjunto y, de modo particular, para la familia espiritual del Regnum Christi.”
En su texto, el Santo Padre se refirió, asimismo, a tres aspectos esenciales: la autoridad, la vida consagrada y la misión. Indicó que “la vida consagrada, llamada a ser experta en comunión, crea espacios donde el Evangelio se traduce en fraternidad concreta. Durante estos días, sin duda, han vivido una experiencia concreta de comunión entre hermanos de diversas culturas y realidades, de generaciones distintas, y entre quienes ejercen responsabilidades de gobierno y quienes sirven cotidianamente en comunidades y misiones.”




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También afirmó que “la misión de ustedes consiste en ofrecer este testimonio visible de escucha mutua y de búsqueda conjunta de la voluntad de Dios, tanto para sus comunidades como para aquellos a quienes encuentran en el camino mientras cumplen su misión.”
Al final de la audiencia, el Santo Padre impartió la bendición apostólica a los padres capitulares, que hizo extensiva a todos los legionarios de Cristo. El Papa también saludó a cada uno de los legionarios que asistieron a la audiencia.
Este encuentro con el Papa León XIV es uno de los momentos más significativos del Capítulo General, que alienta a continuar recorriendo el camino de conversión, actualización y trabajo evangelizador para servir a la Iglesia. Constituye un motivo más para responder con autenticidad a los desafíos de los tiempos que reclaman humildad y fidelidad a la misión que el Señor ha encomendado a cada legionario.
Para el padre Carlos Gutiérrez, L.C., director general de la Legión, la Audiencia con el Santo Padre fue un momento de mucha gracia para la Legión.
“Esta audiencia ha sido un momento de gracia para todos nosotros. El Sucesor de Pedro nos confirma en la fe y nos ayuda a poner a Cristo en el centro de nuestras vidas, a vivir de manera más evangélica y auténtica, de salir al encuentro de las personas que más necesitan experimentar el amor de Cristo”, comenta el P. Melchior Poisson, L.C., el padre capitular más joven, con 36 años.

Crédito: @VaticanMedia
Un encuentro en el contexto de la comunión y renovación
La audiencia que el Papa concedió al Capítulo General es un momento de profunda comunión con la Iglesia. Es un paso adelante en el camino de renovación profunda emprendida por la Legión de Cristo y el Regnum Christi desde 2009 de mano de la Iglesia. Durante este período, la Iglesia, actuando como Madre y Maestra, mostró el camino a seguir a la Congregación, con el apoyo de los Papas Benedicto XVI y Francisco.
Se puede conocer más sobre el proceso de renovación de la Congregación aquí.






Con alegría y profundo amor a Dios, los padres capitulares participaron en la Audiencia con el Santo Padre.
Sobre la Congregación de los Legionarios de Cristo
La Congregación de los Legionarios de Cristo es un instituto religioso clerical de derecho pontificio, constituido por sacerdotes y candidatos al sacerdocio. El fin de la Congregación es dar gloria a Dios y buscar que Cristo reine en la vida de sus miembros, en el corazón de los hombres y en la sociedad. Hace parte del Regnum Christi, familia espiritual y cuerpo apostólico, con el que comparte un mismo carisma.
La Legión está conformada por 1327 miembros, de los cuales 1049 son sacerdotes. Está presente en 23 países. Sus apostolados incluyen la educación, la pastoral familiar, juvenil y de la infancia, la formación de apóstoles líderes cristianos al servicio de la Iglesia, las obras de caridad cristiana y atención a los más necesitados, los medios de comunicación, la catequesis, las misiones y la evangelización.
Para más información sobre la Legión de Cristo, clic aquí.
Texto completo del discurso:
DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS PARTICIPANTES EN EL CAPÍTULO GENERAL DE LOS
LEGIONARIOS DE CRISTO
Sala del Consistorio
Jueves, 19 de febrero de 2026
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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.
Eminencia, Excelencia, queridos hermanos:
Me alegra recibirlos en la fase final de su Capítulo General. Como en la vida de todo instituto religioso, este es un tiempo de gracia, ya que constituye un momento privilegiado de discernimiento comunitario y de escucha al Espíritu Santo, que sigue guiando su historia y sosteniendo la misión confiada a su congregación, en fidelidad al carisma recibido como un don de Dios para toda la Iglesia.
Es, además, la ocasión para que ustedes se reconozcan herederos de un carisma que, a través de diversos caminos y expresiones históricas —a veces dolorosas y no exentas de crisis— ha dado origen a la congregación de los Legionarios de Cristo, unida por una misma raíz espiritual y por una pasión apostólica común. Esta memoria compartida no mira sólo al pasado, sino que impulsa a una renovación constante en el presente, fieles al Evangelio.
El carisma es un don del Espíritu Santo. Cada instituto y cada uno de sus miembros están llamados a encarnarlo personalmente y en comunidad, en un continuo proceso de profundización de la propia identidad que los sitúa y los define dentro de la Iglesia y de la sociedad. Este camino constituye, a su vez, una aportación valiosa para la Iglesia en su conjunto y, de modo particular, para la familia espiritual del Regnum Christi.
La diversidad de formas, estilos y acentos en la vivencia del carisma recibido no debilita la unidad, sino que la enriquece, como en «el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 236). Por esta razón, no se debe temer la pluralidad, sino acogerla y discernirla, y permitir que se exprese para responder con mayor transparencia y fidelidad a la llamada de Dios. Al igual que en una familia cada miembro posee su propia identidad y misión, también entre ustedes la pluralidad de dones manifiesta la fecundidad del Espíritu y fortalece la misión común.
Como se ha mencionado, el carisma es un don del Espíritu Santo; es Él quien distribuye sus dones (cf. 1 Co 12,11), y lo hace para la renovación y edificación de la Iglesia. como dice san Pablo «en cada uno se manifiesta para el bien común» (1 Co 12,7). Por ello, el carisma debe ser recibido con gratitud y consuelo (cf. Const. dogma. Lumen gentium, 12). Recuerden, por tanto, que no son dueños del carisma, sino sus custodios y servidores. Están llamados a entregar su vida para que este don siga siendo fecundo en la Iglesia y en el mundo. Por ello, este Capítulo los invita a seguir preguntándose cómo vivir hoy, con fidelidad creativa, la intuición carismática que dio origen a su familia religiosa.
Un Capítulo General también es el momento para evaluar el camino recorrido y discernir, con la ayuda del Espíritu Santo, el camino por recorrer. De este modo, ustedes han considerado el ejercicio del gobierno y de la autoridad en el instituto como uno de los temas centrales. La autoridad, en la vida religiosa, no se entiende como dominio, sino como servicio espiritual y fraterno a quienes comparten la misma vocación. Su ejercicio debe manifestarse en el «“arte del acompañamiento”, para aprender a quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro (cf. Ex 3,5). […] Con una mirada respetuosa y llena de compasión pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida cristiana» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 169). La autoridad en la vida religiosa está también al servicio de la animación de la vida común, centrándola en Cristo y orientándola hacia la plenitud de la vida en Él, evitando toda forma de control que no respete la dignidad y la libertad de las personas.
Entre las tareas fundamentales del gobierno religioso se encuentra, de igual forma, la de promover la fidelidad al carisma. Para ello, es necesario fortalecer un estilo de gobierno caracterizado por la escucha mutua, la corresponsabilidad, la transparencia, la cercanía fraterna y el discernimiento comunitario. Un buen gobierno, en lugar de concentrarlo todo en sí mismo, fomenta la subsidiariedad y la participación responsable de todos los miembros de la comunidad.
La vida consagrada, llamada a ser experta en comunión, crea espacios donde el Evangelio se traduce en fraternidad concreta. Durante estos días, sin duda, han vivido una experiencia concreta de comunión entre hermanos de diversas culturas y realidades, de generaciones distintas, y entre quienes ejercen responsabilidades de gobierno y quienes sirven cotidianamente en comunidades y misiones.
La misión de ustedes consiste en ofrecer este testimonio visible de escucha mutua y de búsqueda conjunta de la voluntad de Dios, tanto para sus comunidades como para aquellos a quienes encuentran en el camino mientras cumplen su misión.
«La unidad misionera, obviamente, no debe entenderse como uniformidad». [1] No se trata de eliminar las diferencias, sino de tener la capacidad de armonizar la diversidad en beneficio de todos, aceptando las divergencias como una riqueza y discerniendo juntos los caminos que el Señor nos propone.
Este proceso requiere humildad para escuchar, libertad interior para expresarse con sinceridad y apertura para aceptar el discernimiento conjunto. Se trata de una exigencia inherente a toda vocación que se vive en comunidad.
La Iglesia vive hoy una intensa llamada a la sinodalidad, es decir, a caminar, escuchar y discernir juntos. El Capítulo General es, por su propia naturaleza, un ejercicio sinodal en el cual todos están llamados a aportar su experiencia y sensibilidad para construir juntos el futuro del instituto.
Queridos hermanos, los exhorto a seguir viviendo en actitud de oración, humildad y libertad interior. No sigan intereses particulares o regionales, ni busquen meras soluciones organizativas, sino ante todo la voluntad de Dios para su familia religiosa y para la misión que la Iglesia les ha confiado.
Que este Capítulo los abra a un tiempo de esperanza. El Señor sigue llamando y enviando; sanando y purificando, por ello su tarea consiste en discernir cómo responder con fidelidad al presente que Dios pone en sus manos.
Confiando esta nueva etapa de su congregación a la protección maternal de Nuestra Señora de Guadalupe, les imparto de corazón la Bendición Apostólica. Gracias.
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[1] Mensaje para la 100.ª Jornada Mundial de las Misiones (18 enero 2026).












