Con motivo de la Solemnidad litúrgica de Nuestra Señora de los Dolores, el director general trata aspectos sobre la historia de la Congregación, el dolor y la esperanza.
Este 15 de septiembre, solemnidad de Nuestra Señora de los Dolores, el padre John Connor, L.C., director general de los Legionarios de Cristo, ha enviado una carta a todos los legionarios en donde da a conocer aspectos relacionados sobre su estado de salud que lo llevaron a delegar el gobierno ejecutivo hace unos meses.
Después, y es el tema central de la carta, llama a todos los legionarios a mirar con verdad y esperanza la historia de la Congregación, reconociendo el dolor causado por el fundador, la importancia de escuchar a las víctimas y los pasos dados hacia la verdad, la transparencia y el conocimiento de la historia de la Legión.
Finalmente, invita a todos los legionarios a asumir la fragilidad como camino de gracia y a convertir la propia historia en testimonio de redención y misión, bajo el amparo de la Virgen Dolorosa.
Compartimos el texto completo:
¡Venga tu Reino!
15 de septiembre de 2025
Nuestra Señora de los Dolores
A los Legionarios de Cristo
Muy estimados en Jesucristo:
Les escribo en esta solemnidad de Nuestra Señora de los Dolores, nuestra Madre que nos ha acompañado fielmente a través de estos años de purificación y renovación. Ella permanece junto a nosotros, como estuvo al pie de la cruz, enseñándonos que el dolor, unido al de Cristo, se transforma en fuente de redención.
Muchos me han preguntado por mi salud. Les comparto que, aunque mi ánimo permanece alto y experimento la cercanía del Señor y el cuidado maternal de nuestra Madre en el cielo, mi condición médica no ha mejorado. Mi habla está más afectada y he tenido problemas de equilibrio, con algunas caídas recientes. Los médicos ya me habían advertido de esta posibilidad. Como la enfermedad es relativamente nueva, no sabemos con certeza su evolución, pero parece avanzar más lentamente que en otros casos conocidos.
En este proceso, el Señor me ha enseñado lecciones profundas, quizá las más importantes de mi vida. Mi intención original era compartirlas en esta carta, pero siento que debemos esperar a otro momento. Percibo que el Señor nos invita a reflexionar juntos sobre otras lecciones, aquellas que hemos ido aprendiendo como comunidad en los últimos quince años y que hoy se nos presentan nuevamente
Un momento providencial
Como muchos de ustedes, vi recientemente la docuserie de HBO sobre la vida de nuestro fundador. He hablado con varios legionarios que me dijeron que el ver la serie fue una experiencia catártica: al escuchar los testimonios de las víctimas y ver las dramatizaciones, pudieron unir fragmentos de información que habían escuchado y enfrentar la magnitud del mal que nuestro fundador había perpetrado.
Mi propia experiencia de catarsis ocurrió hace años, al participar en el curso de historia legionaria preparado por el P. Jaime Rodríguez, L.C., el P. César Tobón, L.C., y otros. Me llegó una paz enorme al conocer la verdad de nuestra historia. Su trabajo mostró adecuadamente cómo el mal y el bien crecían juntos. Es un verdadero enigma: en medio de tanto mal, hubo sacerdotes virtuosos, hombres entregados a Dios, ajenos a las atrocidades. Otros quizás sospechaban algo, pero no sabían cómo actuar. Y otros fueron víctimas directas, silenciados y retratados como traidores. Hoy, sus voces finalmente son escuchadas con respeto y compasión. Luego tuve la gracia de poder reunirme con algunas de las víctimas históricas que hizo más sentido el dolor que sufrieron.
En los últimos años, nos hemos dedicado a renovar nuestras estructuras, prácticas y costumbres, además de la renovación del Regnum Christi y las obras gobernadas en común con las otras ramas. Pero no hemos podido mirar con más atención a nuestra historia para hacer sentido de ella y entender bien todo lo que ha pasado. Sin embargo, la docuserie nos interpela a enfrentar nuevamente nuestra historia. Aunque es difícil, recibamos este momento como una invitación del Señor. Como les escribí en 2021, Dios quiere «hacer nuevas todas las cosas» (Ap 21,5). Nuestra historia, con sus luces y sombras, es parte del testimonio que Él quiere dar al mundo: su gracia es más poderosa que cualquier pecado, y su misericordia sana las heridas más profundas.
Vivir en la verdad para caminar en la luz
El Capítulo General de 2020 nos pidió «continuar la tarea de recoger las fuentes y testimonios necesarios para los futuros estudios sobre la historia de la Legión». Les informo sobre los pasos concretos que estamos dando:
Primero, estamos preparando nuestro Archivo Histórico para abrirlo a historiadores internos y externos. Este proceso requiere tiempo y expertos, por lo que no podemos definir una fecha exacta para su apertura. Nuestro objetivo es facilitar el acceso a fuentes primarias de nuestra historia.
Segundo, hemos encargado a un psiquiatra de prestigio internacional un estudio póstumo sobre nuestro fundador, para comprender mejor las complejidades de su personalidad y comportamiento.
Tercero, bajo la dirección del P. Rodrigo Ramírez, L.C., y una comisión permanente, hemos transcrito todo el audio de nuestro archivo y estamos actualmente digitalizando todos los materiales escritos, preparándolos para futuros investigadores.
Cuarto, estamos comenzando a preparar documentos históricos para la publicación, comenzando con las versiones históricas de las Constituciones de la Legión de Cristo y de los Estatutos de Regnum Christi.
Conocer nuestra historia
Si aún no han tomado el tiempo para hacer el curso de historia que prepararon los padres Jaime Rodríguez, César Tobón y su equipo, se lo recomiendo. Yo tengo planeado repasarlo de nuevo. Si tienen interés, pueden escribir directamente al Buzón Curso Historia LC (cursohistorialcrc@legionaries.org). Varias comunidades también aprovecharon la serie documental de HBO para poder dialogarlo juntos. Lo más valioso para mí son los testimonios de las víctimas, que por tantos años no escuchamos.
De esa docuserie viene otro recurso para conocer nuestra historia. Los productores nos pidieron participar por medio de una entrevista. Después de un profundo análisis de la solicitud, se aceptó y el P. Andreas Schöggl, L.C., exsecretario general, fue entrevistado el 14 de noviembre de 2023 en la Ciudad de México durante varias horas. Personalmente tenía poca expectativa de que utilizarían nuestro testimonio, pero se quería tener la oportunidad de presentarles un cuadro más completo y testimoniar que no tenemos nada que ocultar.
Lo positivo de haber concedido esa entrevista es que contamos con la transcripción, donde el P. Andreas da respuesta a varios de los interrogantes que plantea la docuserie, pero que no fueron utilizadas. Vamos a poner a disposición de todos la transcripción a través de la sección sobre el fundador, en la página web de la Legión, que la Oficina Internacional de Comunicación de la Legión está preparando.
Esta sección de nuestra página web sobre el fundador también la estamos ampliando con nuevas preguntas y respuestas sobre aspectos de su vida. Además, está abierto el canal a través de la Dirección General para que envíen sus inquietudes. Por medio de la Comisión de estudio de nuestra historia, las vamos a intentar responder. Como he dicho, no tenemos nada que esconder y queremos atender a las inquietudes legítimas de nuestros miembros. Sin duda, hay muchas preguntas a las que nunca tendremos respuesta, pero haremos lo que materialmente podemos para buscar respuestas.
Además de todo lo anterior, quienes deseen consultar más información, confrontar y contrastar nuestra historia con otros puntos de vista externos, existen varias fuentes, especialmente periodísticas. No han faltado reportajes e investigaciones externos basados en entrevistas con diversas personas y documentos históricos. Les invito a acercarse a estos materiales no por curiosidad morbosa, sino con un espíritu maduro de oración, buscando la verdad que nos hace libres y pidiendo la gracia de integrar nuestra historia de manera sana y redentora.
De las heridas a la misión
Les pido paciencia y atención en lo que ahora les voy a presentar, porque es el mensaje fundamental que les quiero dejar. Les invito a acoger este momento como una oportunidad para amar más y mejor. Cuando Simón el fariseo se escandalizó al ver a la mujer pecadora ungir con perfume los pies de Cristo, el Señor la comparó con aquel a quien se le ha perdonado una gran deuda y, por ello, ama mucho (cf. Lc 7,36-50). El mensaje de Cristo es de redención, y nuestra propia experiencia, al igual que la de aquella mujer pecadora, nos invita a agradecer más y a amar más.
No es casual que nuestra historia lleve desde sus inicios la marca de una herida. La herida no es un paréntesis ni una mancha que deba ser borrada, sino una realidad teológica: allí donde el pecado ha dejado su huella, allí también ha brillado la sobreabundancia de la gracia (cf. Rom 5,20). Nuestro camino institucional —desde su origen— está atravesado por un misterio pascual: por la experiencia de una elección que no se basa en la fuerza o en los méritos humanos, sino en la libre misericordia de Dios que se complace en levantar lo abatido (cf. Lc 1,52).
Precisamente en esta humillación se esconde una gracia: el Señor nos libra del orgullo institucional y personal al permitirnos habitar una historia marcada por la contradicción. La memoria de los pecados de nuestro fundador, y de su impacto en la institución por él fundada, no es simplemente un llamado a la justicia y a la reparación —que son necesarias—, sino también una pedagogía divina que nos preserva de la tentación de gloriarnos en nuestras obras. Ser parte de esta familia significa ser continuamente purificados del espejismo de la autosuficiencia, de la pretensión de ser «exitosos», de la nostalgia por una imagen intacta. Es algo que tenemos que cuidar constantemente, como nos señaló el Santo Padre: «El camino de renovación no ha terminado, porque el cambio de mentalidad en los individuos y en una institución requiere mucho tiempo de asimilación, por tanto, de una continua conversión».[1] Esa memoria es una invitación a un examen de conciencia personal para dolernos de los propios pecados y de sus efectos en la vida de los demás. La cruz no es un accidente del camino: es su centro. Por eso, creo yo, la Virgen de los Dolores nos acompaña íntimamente como nuestra patrona.
Lejos de ser una maldición, esta fragilidad asumida es un don. Como cada cruz, aunque pesada y dolorosa, es un don. Como nos recordó recientemente el Papa León XIV, en su catequesis del 3 de septiembre de 2025, haciendo alusión al misterio pascual, el momento más oscuro en la vida de Jesús es a la vez el más luminoso Para nosotros esta cruz particular se convierte en camino de santidad. En ella aprendemos a no apoyarnos en el prestigio, ni en la aprobación, ni siquiera en las obras visibles, sino a dejarnos llevar cada día al cumplimiento generoso y humilde de la misión. Aunque parece contradictorio esta verdad nos debe dar esperanza porque nos capacita para amar más, ser más agradecidos, y más apasionados por Cristo y su Reino. ¿Cómo? Por quitarnos la mirada sobre nosotros mismos y ponerla sobre él y su pueblo. Porque cuando se aprovecha el don, nos habilita para ayudar a otros a llevar su cruz y caminar por el camino de santidad. Hemos sido llamados a ser testigos de una esperanza que no se impone, sino que se ofrece desde lo humilde y desde lo redimido.
Mirando hacia adelante con esperanza
Queridos hermanos, el Señor nos sigue llamando. Nuestra historia, asumida e integrada, no es un obstáculo para la evangelización sino parte de lo que somos, parte de nuestra identidad como legionarios. Es nuestro testimonio como apóstoles: somos pecadores perdonados que anuncian la misericordia que hemos experimentado y que nos ha transformado.
Tenemos una historia que contar. Es una historia que resuena con las personas a quienes queremos evangelizar, una historia de heridas y sanación, de pecado y arrepentimiento, de perdón y misericordia. El mundo necesita nuestro testimonio, no a pesar de nuestra historia, sino precisamente a través de ella, transfigurada por la gracia, una historia de redención.
Mi deseo es que cada legionario conozca nuestra historia, pero no sólo como objeto de estudio sino de oración, viendo la mano providencial del Señor que ha actuado y continúa actuando en y a través de estos hechos misteriosos. Es el momento de contar nuestra historia a la luz del Evangelio.
En esta fiesta de la Madre Dolorosa, pongámonos bajo su manto. Ella, que permaneció de pie junto a la cruz cuando todo parecía perdido, nos enseña la fidelidad en el dolor y la esperanza que nace de la fe.
Que cada comunidad dedique tiempo para orar y dialogar sobre estos temas. Apoyémonos como hermanos en este camino de verdad y renovación.
Su hermano en Cristo y la Legión,
[1] Discurso del Santo Padre Francisco transmitido a los participantes del Capítulo General de los Legionarios de Cristo y de las asambleas generales de las Consagradas y de los Laicos consagrados del Regnum Christi, 2020.












