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	<title>Dios archivos - Legionarios de Cristo</title>
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	<description>Sitio oficial de Los Legionarios de Cristo</description>
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	<title>Dios archivos - Legionarios de Cristo</title>
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		<title>Sólo Dios sabe el día y la hora (Mc 13,24-32)</title>
		<link>https://subdir.legionariosdecristo.org/solo-dios-lo-sabe/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Legionaries of Christ]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Nov 2015 14:00:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Dios]]></category>
		<category><![CDATA[fin]]></category>
		<category><![CDATA[juicio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Evangelio: Mc 13,24-32 En aquel tiempo, dijo Jesús: &#8220;Por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas. Y entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #800000"><strong>Evangelio:</strong></span> <em>Mc 13,24-32</em><br />
En aquel tiempo, dijo Jesús: &#8220;Por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas. Y entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que Él está cerca, a las puertas. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre&#8221;.</p>
<p><strong><span style="color: #800000">Fruto:</span></strong> Vivir cada jornada como si fuera el primer día para poner todo vigor, como si fuera el último día para prepararme al encuentro con Dios.</p>
<p><strong><span style="color: #800000">Pautas para la reflexión:</span></strong><br />
Los pasajes evangélicos que nos hablan del fin del mundo nos invitan a reflexionar sobre la finalidad de la vida cristiana: la santidad. Cristo es la fuente y nuestro modelo de santidad. Imitando sus obras, recibiendo los sacramentos, ejercitándonos en la caridad, llegamos a la santidad.</p>
<p><strong>1. Los regalos de Dios</strong><br />
Cuando una persona ha sufrido un accidente grave, y ha salvado su vida por casualidad, resume esa experiencia tan fuerte diciendo: He vuelto a nacer. Se ha encontrado con la muerte, cara a cara, y en el último instante, el hilo de su vida no ha llegado a romperse. Momentos así nos ayudan a valorar lo que significa la vida. Cada día, cada hora, es un regalo que muchos ya no tienen, una prueba evidente de que el Señor nos sigue amando, sigue pensando en nosotros y manteniéndonos en la existencia. Este tiempo que tenemos entre manos es un regalo de Dios, un don, pero un don para algo. A nuestro alrededor vemos que cada cosa tiene un fin: la silla es para sentarnos, la cama para descansar, una bombilla para ver mejor, el teléfono para hablar con un amigo o un familiar. Todo tiene un fin, una razón de ser. ¿Y nuestra vida?</p>
<p><strong>2. La hora de rendir cuentas</strong><br />
Además de un fin, nuestra vida tiene un final. Esta vida terrena se acabará. No sabemos cuándo, dónde, cómo&#8230; Quizás a los 100 años, a lo mejor en una isla de África, o en mi casa rodeado de mis seres queridos, o en un hospital, o en un accidente de tráfico. El lugar, el tiempo, el modo, nadie lo sabe. Pero sí sabemos algo con certeza: que la muerte llegará. Y con la muerte, se acaba este regalo, o mejor, se transforma según un punto clave de mi vida. La vida terrena se acaba, y aquel que nos ha dado este gran regalo para que lo administrásemos, nos pedirá cuentas. Durante estos días, en las lecturas de la misa, se habla con frecuencia de la venida del Hijo de Dios, de un final de los tiempos, de un juicio. El final del tiempo litúrgico que llamamos ordinario debe hacernos pensar en el final de nuestro tiempo ordinario, de nuestra vida terrena.</p>
<p><strong>3. Al atardecer de la vida, me examinarán del amor</strong><br />
Moriremos. Seremos juzgados. Pero contamos con una gran ventaja: sabemos el contenido de ese juicio, conocemos las preguntas de este examen final. ¡Cuánto daría un estudiante por conocer a inicio de curso las 5 o 10 preguntas del examen final! ¡Qué bien preparado llevaría ese examen! En la asignatura principal, la asignatura de la vida, ya conocemos las preguntas del examen. Jesucristo nos las ha dicho, y muchos santos y hombres de Iglesia nos las recuerdan. Son dos palabras, o incluso una: ¿Has amado? San Juan de la Cruz, gran místico español y a la vez un hombre muy práctico lo sintetiza así: &#8220;Al atardecer de la vida nos examinarán del amor&#8221;, y amar es darse, entregarse totalmente a Dios en los demás, y a los demás por Dios.</p>
<p><strong><span style="color: #800000">Propósito:</span></strong> Amaré a los que viven conmigo ofreciéndoles un detalle de alegría y amabilidad.</p>
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		<title>Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre (Mc 10,2-16)</title>
		<link>https://subdir.legionariosdecristo.org/dios-une-no-separa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Legionaries of Christ]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Sep 2015 13:00:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Dios]]></category>
		<category><![CDATA[matrimonio]]></category>
		<category><![CDATA[unidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Evangelio: Mc 10,2-16 En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: &#8220;¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?&#8221;. Él les replicó: &#8220;¿Qué os ha mandado Moisés?&#8221;. Contestaron: &#8220;Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio&#8221;. Jesús les dijo: &#8220;Por vuestra terquedad...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #800000"><strong>Evangelio:</strong></span> <em>Mc 10,2-16</em><br />
En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: &#8220;¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?&#8221;. Él les replicó: &#8220;¿Qué os ha mandado Moisés?&#8221;. Contestaron: &#8220;Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio&#8221;. Jesús les dijo: &#8220;Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De modo que, ya nos son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre&#8221;. En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: &#8220;Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio&#8221;. Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: &#8220;Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él&#8221;. Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.</p>
<p><strong><span style="color: #800000">Fruto:</span></strong> Valorar la grandeza de la familia.</p>
<p><strong><span style="color: #800000">Pautas para la reflexión:</span></strong><br />
Estamos ante un Evangelio hermoso, pero a la vez difícil de aceptar. Escuchamos con mucha frecuencia que la sociedad está en crisis, que el mundo va de mal en peor, que aumentan las injusticias entre países ricos y pobres, crece la violencia y el terrorismo. Parecería que Rousseau tenía razón: &#8220;El hombre es un lobo para el hombre&#8221;. Hay que mirar a la familia, célula base de la sociedad: que la familia sea lo que tiene que ser, para hacer progresar a la sociedad desde su base.</p>
<p><strong>1. El designio de Dios</strong><br />
Ya en tiempos de Jesús la fidelidad matrimonial era algo difícil. Los judíos preguntan a Jesús si les es lícito dejar a su mujer, o en el lenguaje actual, divorciarse. Moisés lo había permitido. El Maestro aprovecha para mostrarnos el designio de Dios para el hombre, expresado desde la creación: &#8220;Hombre y mujer los creó, y ya no serán dos, sino uno solo&#8221;. El matrimonio, el amor matrimonial, está presente en el plan creador de Dios. Ha hecho al hombre y a la mujer para formar una unidad familiar, una comunión de vida, de ilusiones, de esperanzas, de conforto en los momentos difíciles. Dios no nos ha creado como islas, como solitarios peregrinos en esta valle de lágrimas, sino como seres abiertos al otro, que necesitan del otro. El hombre, como creatura, está hecho para amar y ser amado, de modo muy especial, en el seno de una familia.</p>
<p><strong>2. &#8220;Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre&#8221;</strong><br />
&#8220;Te seré fiel hasta la muerte&#8221;. Lo escuchamos entre el hombre y la mujer que se prometen amor eterno. Los novios, al contraer matrimonio, también se lo prometen mutuamente. Queremos ser fieles, incondicionalmente fieles, pero a la vez se asoma ante nuestro horizonte una duda: ¿Seré capaz? Los discípulos llegaron a decir a Jesús: &#8220;Si tal es la condición del hombre con la mujer, no trae a cuento casarse&#8221;. Somos conscientes de nuestra debilidad, de nuestros buenos deseos incumplidos. ¿Qué hacer? En el mismo Evangelio encontramos una luz muy importante: &#8220;Lo que Dios ha unido&#8230;&#8221;. Es Dios el que, en cada matrimonio, une al esposo con la esposa; por tanto, también es Él quien garantiza la continuidad de esta unión, siempre y cuando nosotros colaboremos. Dificultades va a haber, tal vez hasta caídas. Pero lo importante es seguir luchando, seguir construyendo esa fidelidad, que es obra de 3 personas: el esposo, la esposa y Dios. Si yo colaboro, tengo la mayor parte del trabajo hecho, pues la fidelidad de Dios la tengo asegurada.</p>
<p><strong>3. Una fidelidad labrada en el día a día</strong><br />
En las bodas de plata de un matrimonio, el marido preguntó a su esposa: &#8220;¿Me amas?&#8221;. Ella, sin irritarse, respondió: &#8220;Llevo 25 años lavándote la ropa, llevo 25 años haciéndote la comida, llevo 25 años limpiando la casa en la que vivimos, llevo 25 años dándote un beso y recibiéndote con una sonrisa cuando llegas del trabajo, llevo 25 años (un poco menos) lavando, educando, cuidando a los hijos que hemos traído al mundo&#8230; ¿Y me preguntas si te amo?&#8221;. El amor en una familia no es algo abstracto, genérico, de puras palabras; la convivencia diaria con nuestro marido o mujer, con nuestros hijos o nuestros padres, está llena de miles de detalles de amor o desamor. La vida familiar es un magnífico gimnasio de la caridad hacia nuestro prójimo, y es a la vez el mejor termómetro para medir nuestro amor a Dios y a los demás.</p>
<p><span style="color: #800000"><strong>Propósito:</strong></span> Examinaré el amor y cariño con el que vivo mi vida familiar.</p>
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